| Prime
time
Duración: 12´ aprox.
2003
“Desde
esta perspectiva, por tanto, hasta cuando se ve expuesta, por ejemplo,
a escenas perturbadoras de violencia y sexo en la televisión
o en las películas, existe la posibilidad de abordarlas con la
conciencia de que causan efectos dañinos y, en lugar de sentirse
totalmente abrumada por lo que ve, puede tomar tales escenas como una
especie de indicador de la naturaleza nociva de las emociones negativas
no controladas.”
Dalai
Lama, “El arte de la felicidad”
Parodia
del zapping televisivo. Política, sociedad, cine, videoclips,
videntes, pornografía, futbol y teletiendas componen este poliédrico
mural mediático de Félix Fernández. Un flujo continuo
fragmentado con el propio ruido del zappeado, y la subversión
de los contenidos trastocados, genera un cúmulo de esperpentos
que obligan escapar y refugiarse en lo íntimo.
Es indudable que la televisión atrae, esté donde esté
siempre recibe alguna mirada. Más aún, si tiene una gran
cantidad de movimiento y colores brillantes la mirada se posa más
tiempo. Esta pantalla se aprovecha de una atención completamente
desinteresada, una mirada vacía, convirtiéndose en la
ventana de nuestras experiencias con la realidad. Aunque nos da una
opción de aparente libertad, cambiar de ruta a nuestro antojo,
mediante el zapping.
El entretenimiento popular en su momento fueron los circos, las ejecuciones
e inquisiciones públicas, los estadios, en la actualidad, la
radio, el cine, la televisión e internet. Con estas gratificaciones
el televidente se convierte en vampiro que succiona deseos ajenos para
escapar de su propio vacío inmortal. (El individuo abducido por
la pantalla es presa fácil del ruido mediático. Uno ya
es un ser binario, toma una de las dos posturas exclusivas en los debates
televisuales)
Esta aparente flujo indiscriminado de imágenes (y sonidos), en
las que se puede renunciar al pensamiento crítico, producen una
vertiginosa historia apocalíptica que cuestiona todo lo que nos
rodea, y que ayuda a dudar de cada una. Produciendo, en primer lugar,
la desmitificación de la mismas y su consecuente separación
de la realidad, y en segundo, la confusión y despreocupación
ante los referentes creando un desquiciamiento mental completamente
efímero. Sin embargo, el artista es consciente de que “Prime
Time” es un comentario lúdico, puntual y efímero
cuestionando los decadentes arquetipos actuales, cuya máxima
ambición está enfocada hacia los íntimos.
Carlos T.Mori
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